sábado, 1 de agosto de 2009

Halloween

22 de agosto del 2008

Jerry Only, Dez Cadena y Robo tocaron durante 70 minutos en Giromatto.

Por un momento el tiempo se adelantó y la medianoche de ayer pareció 31 de octubre: Halloween, el Día de las Brujas, en el que muchos se disfrazan lo más tétrico posible y el horror reina. La tranquila noche de Guayaquil contrastaba con el siniestro escenario de la discoteca Giromatto, donde cientos de jóvenes se congregaron para presenciar a una de las bandas más antiguas del punk rock: The Misfits.

El lugar fue idóneo. Y la expectativa crecía a medida que la gente arribaba al encuentro. Todos vestían de negro. Incluso, algunos pintaron en sus rostros la calavera del grupo, y otros simplemente delinearon sus ojos con un tinte “maquiavélico”. Dentro del bar, la desesperación se agrandaba porque el espectáculo empiece. Tanto así, que las primeras bandas nacionales -Descuadrados y G.O.E-, tuvieron una actuación fugaz.

Entonces, cuando llegó el turno de los estadounidenses (12:00), la música de fondo se volvió fúnebre. Mientras que unos fanáticos se conglomeraban al borde de la tarima a la espera de la banda, otros escogían su puesto en el segundo piso –V.I.P.-.

Sin embargo, en un momento todos se impacientaron, y el “oi, oi, oi” mezclado con fuertes aplausos, retumbó hasta en las afueras de Giromatto.
Jerry Only (bajista y vocalista), Dez Cadena (guitarrista) y Robo (baterista) escucharon la invocación, y aparecieron como fantasmas de la noche. Los gritos se tornaron ensordecedores.

Entonces los tres decidieron iniciar la “velada octubrina” precisamente con su hit “Halloween”. Robo (ex Black Flag) había dicho antes de ingresar a la banda (en el 2002) que pensaba que Misfits solo se presentaba en esa fecha.
La voz gruesa de Jerry enloqueció a los ‘fans’, que armaron el clásico ‘mosh’, mientras coreaban cada canción. En la tarima, un descamisado Robo parecía romper los parches de su batería. Cadena, con su cabello largo, llevaba una calavera por maquillaje, y Jerry mostraba su clásico peinado ‘devilock’ (mechón largo en medio del rostro), ojeras y la chaqueta de cuero con grandes pinchos que le daban una apariencia agresiva. Fueron 70 minutos imparables de punk.

Only, en cada pausa, alzaba su brazo derecho como símbolo de poder y eso extasiaba al público. Anunciaba la siguiente canción con un “one, two, three (un, dos tres)”. El sentimiento que transmitían se percibía en todo el lugar, aunque no se llenó. El espectáculo irradió tanta energía, que no parecía que Jerry y compañía se aproximen a los 50 años de edad.
Jerry es el único que ha permanecido en la banda desde 1977. Y eso lo hizo el líder del show en todo momento. Asimismo, las luces verdes, moradas y blancas, alimentaban el ambiente ‘críptico’.

Las canciones transcurrían y el ‘remolino’ en el centro de la pista, se hacía más grande e intenso. En las canciones “Attitude”, “We are 138”, “Helena” (...), varios chicos se subieron a la tarima y no temieron lanzarse.
La única vez que decidieron tomarse un respiro fue casi al final y duró apenas tres minutos, porque el “Misfits, Misfits, Misfits” que coreaba la gente, los incentivó a regresar de inmediato al escenario. Entonces, en la canción “American Psycho”, los Misfits y el público se tomaron en serio el nombre de la canción. Fue una de las que más conmoción creó. Los empujones y golpes fueron numerosos. Y a su vez, los que se encontraban en el segundo piso vislumbraban la escena agarrados de la baranda.

Unos saltaban y hasta parecía que se iban a lanzar del balcón.
Misfits escenificó toda la influencia que ha otorgado a varias bandas actuales, como Guns and Roses, Metallica, AFI, entre otros. Y no dudó en protagonizar los clásicos covers: “Last Caress”, “Hybrid Moments”, “American Nightmare”, con los cuales vibraron los 300 asistentes aproximadamente.

Jerry Only no solo cantaba en tono rudo, sino que su actitud también lo era. Incluso cuando un joven se subió a la tarima para arrojarse en un ‘slam’, el vocalista decidió apartarse de su micrófono y empujarlo hacia el público. El final dejó sin aliento a todos. ‘Die, die my darling’ fue el cierre más esperado. Jerry tocó la última nota y como un maniático, le arrancó las cuerdas a su bajo. Era parte del “terror octubrino”, porque para ellos todas las noches son Halloween.

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